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La salud en la era digital

Por Ginés Alarcón — 8 de mayo de 2014

La digitalización en los sistemas de salud no supone cambios evolutivos, sino transformadores

Víctor Bautista es uno de los muchos ciudadanos que padece diabetes, una enfermedad crónica que reduce la calidad de vida de las personas afectadas y a su vez representa un coste elevadísimo para el sistema de salud. Se estima que en el mundo hay unos 350 millones de personas con diabetes.

Cuando a Víctor le diagnosticaron su enfermedad estaba viviendo en Londres y una parte de su tiempo lo dedicaba a estudiar programación de dispositivos móviles. En aquel momento no podía ni imaginar que ese interés por la tecnología móvil que tenía pasaría a ser un elemento central de su vida.

Después de asumir su nueva realidad como diabético llegó a la conclusión de que tenía que haber alguna forma de mejorar su vida y gestionar su enfermedad.

Víctor se propuso desarrollar una aplicación móvil que le ayudara en el control de su diabetes, y en 2012 fundó la compañía SocialDiabetes. Unos meses la app después ganó el premio WSA-Mobile UNESCO de salud móvil y actualmente cuenta con más de 50.000 descargas en todo el mundo.

Este caso es un buen ejemplo de cómo la digitalización de los sistemas de salud mejoran la calidad de vida de los usuarios y reduce costes. Según un reciente estudio de PwC, los ahorros a nivel europeo podrían ser de 100.000 millones de euros en 2017 con una contribución adicional al PIB de 93.000 millones. Pero no todo son buenas noticias, en el mismo informe se destaca que el riesgo de quedarse en un modesto 10% de estos ahorros es muy alto debido a las barreras regulatorias, políticas, educativas y tecnológicas.

Uno de los retos más importantes es que la introducción de la digitalización en los sistemas de salud no supone cambios evolutivos, sino transformadores. Y en muchos casos, la cadena de valor puede cambiar significativamente, así como los agentes y sus responsabilidades. Esto provoca que las tensiones entre los actores retrasen la adopción de nuevas soluciones.

Si los usuarios acuden a internet para informarse sobre sus dolencias, si interactúan entre ellos, ¿por qué no hacerlo en un espacio que esté moderado por profesionales sanitarios?

Ante el aumento de las aplicaciones de salud para el móvil, se plantea la duda de cómo certificar la calidad de los usos clínicos. ¿Recetarán los médicos aplicaciones como hacen con los medicamentos? ¿Se ahorrarán los costes de ingresos y visitas a los centros de salud utilizando más dispositivos de seguimiento y monitorización remota?

Mientras se responden estas preguntas y se toman las decisiones necesarias, iniciativas ciudadanas como la de Víctor ya están contribuyendo a mejorar nuestra sociedad. Aprovechemos este impulso.

Expansión, 7 de mayo de 2014

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