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Cómo se organiza un despliegue de fibra

Por Hugo Coll — 3 de marzo de 2022

Desde la planificación hasta la provisión, analizamos las diferentes fases por las que pasan los despliegues FTTH

España es uno de los países con mayor penetración de fibra del mundo, concretamente con un 89% de unidades inmobiliarias con servicio de fibra óptica de alta velocidad disponible.

Desde Nae hemos tenido la oportunidad de participar en los despliegues alternativos de banda ancha fija en España, liderando proyectos con un impacto superior a 30 millones de hogares y asesorando a importantes fondos y capital privado en sus operaciones de inversión de fibra. 

Nuestra experiencia en este campo nos permite afirmar que el éxito de un despliegue FTTH (Fiber to the Home) depende, en gran medida, del modelo organizativo bajo el que se gestiona. A continuación, repasamos las diferentes fases por las que debería pasar un despliegue de fibra.

1. Planificación y petición de permisos

Es la fase inicial del despliegue y sobre la que se basará cualquier trabajo posterior. Por ese motivo, resulta crucial realizar un trabajo minucioso en la definición de las áreas a construir, la petición de permisos y el replanteo sobre el terreno. En el proceso de definición se aplican criterios de mercado objetivos, analizando la presencia de competidores y los costes de despliegue (urbano versus rural) para seleccionar las zonas objetivo a desplegar.

Un aspecto imprescindible para reducir costes y plazos de despliegue es la firma de contratos marco con los distintos propietarios y operadores de infraestructuras a los que se pueda recurrir para tender el cableado e instalar equipamiento.

La petición de permisos y el replanteo sobre el terreno de las zonas seleccionadas permiten descartar edificios no viables o con sobrecostes, así como confirmar la cifra real de unidades inmobiliarias. Dadas las diferencias existentes entre las diferentes bases cartográficas y la realidad, este último aspecto puede poner en riesgo la rentabilidad del despliegue.

En último lugar, se debe definir un umbral de permisos por zona para iniciar el despliegue, garantizando así la validez del trazado a proponer y la futura ejecución de trabajos en campo. El entregable de esta fase es un inventario exhaustivo de la huella de red de acceso a desplegar, que permitirá la planificación y el ajuste de costes de despliegue.

2. Diseño de una red FTTH

Una vez alcanzado el umbral de permisos definido, comienza el trabajo de diseño.

Existen soluciones muy dispares a la hora de implementar el proceso de diseño de una red FTTH. Sin embargo, desde nuestra experiencia, recomendamos la adopción de un modelo productivo basado en la creación de una central de ingeniería. Funcionando bajo el principio “calidad sobre velocidad”, y apoyada en un gestor documental único y una base de datos de diseño GIS (sistema de información geográfica) centralizada, consigue asegurar la disponibilidad y consistencia de la información y favorece el paso rápido a producción.

Este modelo asegura el cumplimiento de criterios de diseño homogéneos en toda la red: nivel de división, índice de penetración, etc., favoreciendo al mismo tiempo una alta especialización técnica de todas las partes involucradas en el proceso. 

Añadiendo una revisión de costes y calidad mediante una BQA (build quality assurance) independiente se obtiene una factoría de diseños con la que se mejora la eficiencia del proceso (unidades inmobiliarias diseñadas frente a aceptadas) en más de un 7% y optimizando el gasto en capital por hogar.

3. Construcción y despliegue

El modelo constructivo predominante basa su músculo en un ecosistema de empresas contratistas especializadas en obra civil e instalaciones de telecomunicaciones, que no trabajan en exclusividad para un operador.

Por este motivo, dada la dependencia que existe, es fundamental trazar planes a largo plazo que aseguren un flujo de actividad continua para estas empresas con el fin de que puedan mantener sus plantillas en activo y se eviten cuellos de botella por falta de recursos.

Para conseguirlo, se realiza una asignación equilibrada de unidades inmobiliarias en función de las capacidades de cada empresa contratista, realizando agrupaciones de poblaciones de distintos tamaños y en diferentes regiones para compensar esfuerzos, de modo que se maximice la productividad aún en caso de encontrar bloqueos temporales en determinadas zonas.

Un seguimiento detallado de la evolución mediante hitos intermedios para identificar desviaciones tempranas, unido a un modelo de incentivos por calidad y productividad, completan la estrategia a seguir para maximizar la comercialización de hogares, pudiendo superar las 600.000 unidades inmobiliarias al año.

4. Prueba y entrega del proyecto

Una buena calidad de construcción y documentación reduce las incidencias de provisión un 75%. Por tanto, una red no puede ponerse en servicio sin comprobar que está correctamente ejecutada y documentada en sistemas.

La funcionalidad de la infraestructura física se verifica mediante la realización de medidas reflectométricas y pruebas de sincronismo, garantizando así la comunicación de extremo a extremo. Para agilizar las pruebas y asegurar el resultado de las mismas, se emplean herramientas que permiten automatizar el proceso de prueba y documentación de resultados.

Por otra parte, la correcta ejecución en campo y documentación e inventariado, tanto lógico (hogares o cajas de terminación óptica) como físico (GIS) de la red, en sistemas, se revisa mediante un modelo de control de calidad de la construcción (BQA) ágil, basado en hitos, que revisa el 100% de la red en gabinete y realiza un muestreo en campo de un porcentaje variable de los trabajos.

5. Provisión

Una vez la red está operativa, llega el momento de su comercialización.

La parte más visible de esta fase es la asignación de circuitos físicos y lógicos para dar de alta un servicio o hacer cambios sobre él, pero también se gestiona cualquier incidencia durante el proceso y en un plazo posterior.

Sobre estas cinco fases se efectúa una gestión transversal de extremo a extremo de todas las actividades del despliegue, incluyendo la gestión económica y de materiales. Esta gestión incluye la monitorización de KPI, asegurar el cumplimiento del acuerdo de nivel de servicios y la consecución de los objetivos del proyecto, tanto a nivel global como por territorios, así como la formulación de propuestas de mejora continua.

Todo este proceso debe contar con herramientas específicas de soporte, que cubrirán las distintas fases del despliegue y contarán con interfaces con los sistemas del operador y de terceros agentes implicados.

En definitiva, para que nuestro despliegue de fibra cumpla con los resultados esperados, es imprescindible seguir un modelo organizativo en cada una de las fases que lo componen, de tal manera que aseguremos un óptimo uso de los recursos invertidos. 

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Jordi Meya

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