4G, LTE-A y la liberación del dividendo digital

Los operadores deben interpretar con claridad la nueva situación para aprovechar todas las oportunidades que se les abren

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La tabla superior resume, de forma quizá excesivamente simplificada, las distintas generaciones de la telefonía móvil. Entre generación y generación hay saltos cualitativos netos, pero como se puede observar dentro de cada una la continua irrupción de nuevas tecnologías va permitiendo una progresiva implantación de mejoras.

Actualmente en España la mayoría de usuarios se comunican mediante redes 3G. Estas alcanzan al 90% de la población. Sin embargo, algunos usuarios siguen utilizando las redes 2G (en los países en vías de desarrollo son todavía las más usadas) y otros se conectan ya a la red 4G.

Aunque aquí debemos hacer una aclaración importante. La Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), que es el organismo competente en este ámbito, estableció las especificaciones de conectividad que el 4G debía cumplir. La principal era que, en condiciones ideales, debía poder alcanzarse una velocidad de descarga de 1 Gbps. Sin embargo, dadas las dificultades técnicas para lograr estos resultados, el organismo estandarizador aceptó reservar la denominación Long Term Evolution (LTE) para una meta menos ambiciosa y más asumible en el corto plazo y denominar Long Term Evolution – Advance (LTE-A) al estándar inicialmente especificado. Por tanto, el LTE sería una mejora respecto al 3G (llamada así por algunos 3.9G), mientras que el LTE-A sería la verdadera entrada en la generación 4G. Por desgracia, la industria presionó para poder publicitar la LTE como 4G y la UIT aceptó, lo cual ha provocado una notabilísima confusión. Sirva al menos la tabla para aclarar estos conceptos.

De todos modos, las velocidades de conexión no dependen únicamente de la tecnología de transmisión. Entre otros factores, dependen en alto grado del ancho de banda disponible. El llamado dividendo digital, que debía entrar en vigor el 1 de enero de este año y que fue prorrogado hasta el 1 de abril a solicitud de las empresas televisivas, tiene precisamente como objetivo liberar espectro radioeléctrico para que los operadores de telefonía móvil dispongan del ancho de banda necesario para que las mejoras prometidas por el 4G sean realmente efectivas. De este modo se obligó a las plataformas de TDT a abandonar la banda de los 800 MHz, que es la que permite una mayor cobertura en interiores y la que logra un mayor alcance. Además, existen otros recursos para aumentar la velocidad, como la opción de transmitir y recibir por varias antenas a la vez o como la carrier aggregation, que permite utilizar en una misma comunicación ondas portadoras de diferentes bandas.

Estos condicionantes y otros en los que no podemos ahondar en este artículo son los que hacen que, por ejemplo, Movistar (de momento en Madrid y Barcelona) y Vodafone (hasta ahora en Madrid, Barcelona y Valencia) dispongan de redes LTE-A (recordemos, con velocidades teóricas de 1 Gbps) con capacidades de descarga de solo 300 Mbps.

Los operadores trabajan a marchas forzadas para implementar redes 4G (ya sean LTE o LTE-A) y alcanzar velocidades más cercanas a las teóricamente posibles, al tiempo que los fabricantes de terminales lanzan modelos adaptados a esta tecnología, sin los cuales las redes servirían de bien poco. La demora en la liberación del dividendo digital, junto a otras cuestiones, ha hecho que España, pionera en la implantación del 3G, lleve cierto retraso en la del 4G en comparación con Norteamérica, el resto de Europa y el Sudeste Asiático. Sin embargo, se espera que para 2016 los principales operadores de nuestro país habrán llevado la LTE-A a todas las ciudades de más de 1.000 habitantes.

En este campo, como en todos, la demanda de nuevos servicios y prestaciones es el principal motor de progreso. La gran profusión de smartphones y el éxito de las redes sociales impulsaron el uso del 3G. Desde entonces ha aumentado de forma incesante el número de dispositivos conectados y se busca intercambiar cada vez más contenido multimedia, y de mayor calidad, todo lo cual repercute en un crecimiento exponencial del tráfico de datos. El despliegue del 4G permitirá dar a los clientes unos servicios de alta calidad con elevadas velocidades de transmisión y permitirá además descongestionar los nodos 3G en zonas de alto tráfico.

Los operadores, así como los fabricantes de dispositivos y las empresas de servicios, deben interpretar con claridad la nueva situación para diseñar y gestionar el despliegue de redes, optimizar los equipos y la red de radio y transmisión, analizar el desempeño de terminales y desarrollar la oferta comercial y de servicios. Deben, además, tener visión a corto (actualización y ampliación de equipos), medio (despliegue de nuevas ubicaciones) y largo plazo (futuras tecnologías) para aprovechar todas las oportunidades que se les abren.

Francesc Pérez
francesc.perez@nae.es

 

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